Un cuadricóptero tailandés dispara con éxito un cohete de 2,75 pulgadas
El cuadricóptero VTOL NAC Drone de Tailandia disparó con éxito un cohete aire-tierra de 2,75 pulgadas (fotos: Pop Petasen).
Las Fuerzas Armadas de Singapur (SAF) desarrollarán nuevas capacidades para defenderse de los sistemas aéreos no tripulados (UAS), creando el Grupo de Desarrollo y Operaciones Anti-UAS en colaboración con otras agencias gubernamentales. Este grupo implementará sensores, bloqueadores y armas para detectar y neutralizar drones pequeños, que pueden representar amenazas, como su uso por grupos terroristas.
Además, la SAF ha establecido el Centro de Tácticas y Guerra UAS para integrar estas tecnologías en sus operaciones y mejorar la respuesta ante drones. También se creará el Acelerador de Drones para Equipos Rápidos (DARE), enfocado en optimizar el uso de UAVs y vehículos terrestres en unidades militares.
Por otro lado, se fortalecerá la defensa digital con dos nuevos comandos dentro del Servicio Digital y de Inteligencia (DIS):
La SAF también busca integrar tecnologías de doble uso, aplicando innovaciones civiles en el ámbito militar. Por ejemplo, durante el Ejercicio Wallaby, se utilizaron UAVs con estaciones base 5G para ampliar la cobertura de comunicaciones en el campo de batalla.
Finalmente, el Ministerio de Defensa y la SAF están promoviendo el Gran Desafío de IA, una iniciativa para fomentar la investigación en inteligencia artificial y su aplicación en defensa, con financiamiento para diversos equipos de innovación.
Fuerzas Armadas de Singapur (SAF) 2040 (imágenes: Sing Mindef)Por Fernando Fuster - 5 de octubre de 2024![]()
La guerra en Ucrania ha revelado importantes lecciones para las fuerzas militares, especialmente para Occidente, acostumbrado a enfrentar conflictos de baja intensidad en las últimas décadas. Esta guerra nos recuerda la importancia de preparar ejércitos para conflictos de media y alta intensidad, entre adversarios de capacidades similares, algo que no se veía desde la Guerra del Yom Kipur de 1973. A continuación, se presentan algunas de las lecciones preliminares que ya están siendo estudiadas por los estados mayores occidentales.
Durante los años de predominio unipolar, las fuerzas armadas occidentales subestimaron el valor de la artillería de campaña. Los conflictos de baja intensidad, como los de Irak y Afganistán, no demandaban un consumo elevado de munición. Sin embargo, en Ucrania, la artillería ha demostrado ser un factor decisivo. Las fuerzas rusas disparan entre 10,000 y 80,000 proyectiles diarios, en comparación con los 2,000 a 9,000 de Ucrania en sus mejores momentos. El Ejército británico, por ejemplo, admite que no podría mantener ese ritmo de fuego más allá de una semana debido a sus limitadas reservas.
El general estadounidense Ben Hodges reconoció que “la artillería sigue siendo crítica”, y el jefe de adquisiciones del US Army, Doug Bush, añadió que es la principal causa de muerte en el campo de batalla. Armin Papperger, CEO de Rheinmetall, el mayor productor europeo de munición, señaló que los arsenales de Europa están vacíos y que tomará una década reabastecerlos.
La guerra en Ucrania ha resaltado la necesidad de artillería con mayor precisión, alcance, movilidad y capacidad de carga. En particular, se está considerando el uso de robótica para mejorar las cadencias de tiro. La lección es clara: la artillería sigue siendo fundamental, y es necesario almacenar munición suficiente y mejorar sus capacidades para futuros conflictos.
Otro de los factores clave en este conflicto ha sido la defensa antiaérea. La guerra en Ucrania ha demostrado que tener una fuerza aérea superior no garantiza el dominio del aire. La defensa antiaérea ucraniana, equipada con sistemas de mediano y alto alcance y una gran cantidad de misiles portátiles MANPADS, ha dificultado el apoyo aéreo tanto para Rusia como para Ucrania. Esto ha llevado a una situación de "negación mutua del espacio aéreo", lo que ha complicado el uso de aeronaves para atacar objetivos en retaguardia o apoyar a las fuerzas en contacto.
La lección es que los ejércitos necesitan disponer de suficientes sistemas antiaéreos, tanto de mediano y alto alcance como de MANPADS, para defenderse efectivamente de ataques aéreos y misiles.
Una de las lecciones más evidentes de esta guerra es el uso masivo de drones o UAVs, que han transformado dos capacidades clave en el campo de batalla. Por un lado, permiten una observación constante y en tiempo real, proporcionando información valiosa a todos los niveles de mando, algo que antes era exclusivo de los niveles más altos. Algunos describen el campo de batalla moderno como “transparente”, ya que los UAVs permiten observar cualquier rincón del frente.
Por otro lado, los UAVs han sido armados, convirtiéndose en sistemas de combate no tripulados (UCAVs), capaces de portar armas y atacar objetivos. Esto ha hecho que el campo de batalla sea extremadamente peligroso, no solo en el frente, sino también en áreas alejadas. Con la introducción de municiones de largo alcance y merodeadoras, ningún lugar es seguro.
La lección es que los UAVs deben estar disponibles en todos los niveles y en todo tipo de unidades combatientes, ya que ofrecen una ventaja táctica significativa.
Al igual que se busca la superioridad aérea, en esta guerra también se ha luchado por el control del espectro electromagnético. La guerra electrónica (EW) ha jugado un papel clave, interfiriendo en los sistemas de comunicación, navegación, y guiado de misiles del adversario. Sin embargo, estas interferencias también afectan a los sistemas propios, por lo que deben ser gestionadas con cautela.
Aunque la OTAN ha trabajado en desarrollar capacidades de EW, no tiene la capacidad suficiente para negar el espectro al enemigo mientras mantiene el uso del propio. Por otro lado, cualquier emisión electromagnética revela la posición del emisor, lo que lo convierte en un objetivo para el enemigo.
Una de las tácticas efectivas contra los UAVs ha sido interferir su control o navegación, algo que Rusia ha utilizado con éxito. Sin embargo, no es posible mantener la supresión del EMS de forma prolongada en grandes áreas, por lo que las soluciones deberán ser más limitadas y focalizadas a nivel de pequeñas unidades.
El campo de batalla moderno, plagado de sensores, no permite que las tropas permanezcan ocultas por mucho tiempo sin ser localizadas. Una vez localizadas, las fuerzas pueden ser atacadas con precisión gracias a los UAVs que ayudan a localizar los objetivos. Esto deja a la infantería con pocas opciones: dispersarse, moverse rápido o cavar hondo.
La dispersión es útil para la supervivencia, pero dificulta el control, lo que requeriría nuevas herramientas de mando y control. La movilidad rápida también es fundamental, ya que el tiempo desde la localización del objetivo hasta su ataque se ha reducido a entre 1 y 2 minutos. Por último, la infantería debe recurrir a la protección, utilizando fortificaciones defensivas o trincheras, aunque eventualmente las municiones pesadas pueden penetrar cualquier defensa.
Aunque se ha cuestionado la relevancia de los carros de combate en el campo de batalla moderno, debido a la proliferación de armas contracarro como los UCAVs y misiles, muchos expertos coinciden en que es prematuro descartar su importancia. A pesar de las grandes pérdidas sufridas por Rusia en los primeros meses del conflicto, los carros de combate siguen aportando fuego, movilidad y protección en el campo de batalla.
No obstante, es necesario mejorar su protección, especialmente contra ataques desde arriba, como los realizados por drones o municiones merodeadoras. También se requiere mejorar su sostenibilidad y reducir su huella logística. A pesar de estos desafíos, los carros siguen siendo esenciales para las maniobras ofensivas y defensivas.
La Inteligencia Artificial (IA) ha comenzado a jugar un papel importante en el conflicto ucraniano, principalmente en el análisis de inteligencia, apoyo a la toma de decisiones y selección de objetivos. Por ejemplo, el software de reconocimiento facial Clearview AI ha sido utilizado por Ucrania para aumentar la seguridad en puntos de control y evitar la infiltración de soldados rusos. También se ha empleado un UAV equipado con IA para identificar objetivos rusos, incluso si están camuflados.
Sin embargo, la IA todavía no ha mostrado ser un factor decisivo en el campo de batalla, y su uso plantea debates éticos, especialmente en relación a los sistemas de armas letales autónomos (LAWS). Aunque la línea roja actualmente está en la capacidad de decisión autónoma de atacar, es probable que la guerra continúe impulsando el uso de la IA en el futuro.
La guerra en Ucrania ha subrayado que, en un mundo multipolar, no se puede confiar únicamente en la superioridad tecnológica para ganar un conflicto. Es probable que los adversarios cuenten con niveles tecnológicos y capacidades convencionales similares, por lo que los ejércitos occidentales deben hacer un esfuerzo serio por modernizar tanto sus capacidades tecnológicas como convencionales si desean afrontar el próximo conflicto con garantías de éxito.

Personal del ejército de Nueva Zelanda prueba el pequeño sistema de avión no tripulado en el campamento militar de Waiouru (fotos: NZDF)
El Ministerio de Defensa recibió un conjunto de sistemas de aeronaves no tripuladas y sistemas de sensores terrestres remotos, se completaron las pruebas y se está llevando a cabo la capacitación de los operadores.
Los sistemas de grado militar mejorarán la capacidad de la Fuerza de Defensa de Nueva Zelanda (NZDF) para realizar actividades de reconocimiento y vigilancia en entornos de difícil acceso, como zonas de combate o regiones dañadas por ciclones. Su objetivo principal es ampliar y mejorar la conciencia situacional más allá de la línea de visión.
"Los nuevos sistemas serán utilizados por unidades del ejército de Nueva Zelanda desplegadas en operaciones de estabilidad y seguridad, asistencia humanitaria y misiones de socorro en casos de desastre, y despliegues de búsqueda y rescate", dijo Sarah Minson, subsecretaria de Capability Delivery.
"Se espera que los sistemas operados de forma remota reduzcan el riesgo para los soldados que operan en entornos desafiantes al proporcionar información oportuna y precisa que mejore las evaluaciones de riesgos y la toma de decisiones en el campo", dijo Sarah Minson.
Los sistemas de aeronaves no tripuladas (UAS) se entregan como parte del programa Network Enabled Army del Ministerio, que está trasladando las funciones de planificación, inteligencia y comunicaciones del ejército de Nueva Zelanda a sistemas modernos, interoperables y digitales.
Los cuatro sistemas que se han entregado y se están poniendo en servicio son:
UAS pequeños - Quantum-Systems Inc. ha entregado varios sistemas Vector para el 16 Regimiento de Campo. Estos UAS de ala fija tienen una envergadura de tres metros una vez ensamblados y pueden volar hasta 35 kilómetros en un período de tres horas. Tienen capacidad de despegue y aterrizaje vertical, son portátiles como mochila y pueden estar operativos en tres minutos.
Micro UAS - EPE New Zealand Limited ha suministrado varios sistemas de cuadricópteros Skydio para el Regimiento Real de Infantería de Nueva Zelanda. Pueden volar hasta 10 kilómetros durante un máximo de 35 minutos. Son portátiles como mochila y pueden estar operativos en menos de 75 segundos.
Nano UAS: Criterion Solutions PTY ha suministrado varios UAS Nano Black Hornet para el Regimiento Real de Infantería de Nueva Zelanda. Los sistemas de bolsillo tienen una estructura de avión de un solo rotor que se pliega formando una bolsa y puede estar operativo en menos de 20 segundos.
Sistemas de sensores remotos de tierra (RGS): EPE New Zealand Limited ha suministrado sistemas Bertin Exensor Flexnet RGS para el Regimiento Real de Infantería de Nueva Zelanda. Proporcionan una variedad de sensores y cámaras inalámbricos y alimentados por baterías que utilizan sensores sísmicos, acústicos e infrarrojos para detectar e identificar objetos en movimiento.
Los UAS no estarán armados. El ejército de Nueva Zelanda los operará utilizando las reglas de aviación de defensa y aviación civil.
El equipo estará listo para su uso a partir del próximo año.
NZDF
En el contexto global actual, las fuerzas armadas de todo el mundo se enfrentan a desafíos tecnológicos y estratégicos que demandan una constante actualización y adaptación de sus capacidades. Argentina, como parte de esta dinámica, no es la excepción. En particular, el desarrollo y uso de drones FPV (First-Person View) ha emergido como una tecnología clave en los conflictos modernos, siendo el conflicto en Ucrania un ejemplo reciente y relevante. Las Fuerzas Armadas Argentinas, comprometidas con la defensa nacional y la preservación de su integridad territorial, deben considerar la incorporación de estas tecnologías en su arsenal, y para ello es fundamental la asignación de fondos en el presupuesto público destinados a la creación de una planta de ensamble y producción de drones FPV. Los drones FPV son los fusiles Máuser del soldado de infantería de hace un siglo atrás.
El uso de drones en el conflicto entre Rusia y Ucrania ha demostrado el valor de estas herramientas no solo en tareas de reconocimiento y vigilancia, sino también en operaciones ofensivas directas. Los drones FPV, que permiten a los operadores controlar el dispositivo en tiempo real con una visión en primera persona, han sido empleados tanto por las fuerzas ucranianas como por las rusas para ataques de precisión, reconocimiento avanzado y misiones de inteligencia. Estas plataformas han probado ser relativamente económicas en comparación con otros sistemas de armas, y su capacidad para atacar con precisión a objetivos estratégicos ha transformado la forma en que se conduce la guerra moderna.
La lección clave para Argentina y otros países es que los drones FPV, dada su versatilidad, eficiencia y costo relativamente bajo, pueden convertirse en un elemento central dentro de una estrategia de defensa moderna. No se requiere de un ejército inmenso ni de recursos ilimitados para desarrollar capacidades de ataque y defensa eficientes si se aprovechan tecnologías emergentes como los drones FPV. Esto resalta la urgencia de establecer una planta de producción local, que no solo impulse la capacidad tecnológica de las fuerzas armadas argentinas, sino que también genere empleo y desarrollo en sectores clave como la electrónica y la ingeniería.
La creación de una planta de ensamble y producción de drones FPV en Argentina tiene múltiples ventajas estratégicas. En primer lugar, permitiría la reducción de la dependencia de equipos y tecnologías importadas, brindando a las fuerzas armadas una mayor autonomía para desarrollar y adaptar estas herramientas a las necesidades específicas del país. En un entorno geopolítico cada vez más incierto, la capacidad de fabricar armamento de alta tecnología a nivel local es una ventaja significativa para cualquier nación.
Además, la inversión en infraestructura para la producción de drones contribuiría al desarrollo industrial y tecnológico del país, fomentando la innovación en campos como la robótica, inteligencia artificial y sistemas de comunicación. Al posicionarse como un referente regional en la producción de estos equipos, Argentina podría incluso acceder a mercados internacionales, exportando sus tecnologías a otras naciones de la región con necesidades similares.
El financiamiento de esta planta de producción debe considerarse una inversión estratégica para el futuro de la defensa nacional. Dado el costo relativamente bajo de los drones FPV en comparación con otros sistemas de armas, su producción en serie podría optimizar el presupuesto militar argentino, permitiendo a las fuerzas armadas adquirir equipos avanzados a un costo accesible. Además, una planta de ensamblaje podría adaptar las tecnologías de drones a las características del terreno y los objetivos operacionales de Argentina, lo que sería un beneficio adicional en la planificación de misiones de defensa y seguridad nacional.
La guerra en Ucrania ha demostrado que las nuevas tecnologías, como los drones FPV, son esenciales para cualquier fuerza militar moderna. Para las Fuerzas Armadas Argentinas, la creación de una planta de ensamble y producción de drones no solo mejoraría su capacidad operativa, sino que también sería un motor para el desarrollo tecnológico y económico del país. Invertir en esta infraestructura es clave para asegurar una defensa eficiente y preparada ante los desafíos del futuro. Analicemos en este informe qué significa poner una planta de ensamble o fabricación de drones en vistas de la importancia estratégica de este recurso. Lamentablemente, todo apunta a llevarnos bien con China porque la enorme mayoría de los proveedores son de ese origen.
La inversión inicial para establecer una planta de fabricación de drones FPV varía dependiendo de la escala del proyecto, el nivel de automatización, y si decides fabricar todas las piezas internamente o subcontratar algunos componentes. A continuación, se presenta un desglose general de los costos aproximados:
Debe tenerse en cuenta que debido a los recortes presupuestarios en distintos bases militares y fábricas existen amplios espacios en los cuales podría montarse un planta de ensamble de drones estilo ucraniana. Estos costos, en cierto sentido, pueden ser menores. Asimismo, debiera pensarse también en una fuerte interacción con el sector privado a fin de interactuar con aparatos completamente off-the-shelf que son simplemente adecuados al uso militar (especialmente cuando se les añade una carga explosiva).
A continuación, se muestra un resumen de los costos aproximados para la inversión inicial:
El tiempo requerido para comenzar la producción depende de varios factores, como la contratación de personal, la adquisición de maquinaria, y la adaptación del espacio de producción. Un cronograma típico puede verse así:
Este período incluye la fase de planificación, instalación, contratación y la producción inicial. Con una buena gestión, puedes estar listo para comenzar la producción en aproximadamente 6 meses, aunque esto puede variar según la complejidad del proyecto y la rapidez con que se adquieran las herramientas y el personal.
Necesitarás identificar proveedores para varios componentes y servicios en la fabricación de drones FPV:
Marcos: Los marcos generalmente están hechos de fibra de carbono. Busca proveedores especializados en corte preciso de fibra de carbono.
Motores: Los motores deben ser adquiridos de fabricantes confiables que ofrezcan motores sin escobillas de alta calidad.
Controladores de vuelo (FCs) y ESCs: El “cerebro” electrónico y los controladores de velocidad del dron deben ser fiables y con muchas funciones.
Sistemas FPV (cámaras, VTX y antenas): El sistema FPV incluye la cámara, el transmisor de video y las antenas.
Baterías LiPo: Conseguir baterías de polímero de litio (LiPo) de alta calidad es esencial para una entrega de energía constante.
Cargadores: También necesitarás un proveedor para cargadores de baterías de alto rendimiento y tableros de balanceo.
Hélices: Fuente de hélices duraderas y equilibradas.
Hardware: Necesitarás pequeñas piezas como tornillos, tuercas, pernos, separadores y amortiguadores de vibración.
Componentes impresos en 3D: Para piezas personalizadas, necesitarás una configuración de impresión 3D o un proveedor externo para plásticos flexibles como TPU.
El personal necesario variará según la escala de la operación y la cantidad de automatización. A continuación, algunos de los roles esenciales para una planta de fabricación de drones FPV:
Costos de Instalación Inicial:
Costos continuos:
Una máquina CNC (Control Numérico por Computadora, por sus siglas en inglés) es un tipo de máquina herramienta que opera bajo el control de una computadora. CNC permite automatizar el proceso de fabricación mediante instrucciones programadas que controlan los movimientos de la máquina para cortar, esculpir o modificar materiales como metal, madera, plásticos o, en el caso de drones FPV, fibra de carbono.
En la fabricación de drones FPV, las máquinas CNC se utilizan principalmente para:
En resumen, una máquina CNC es esencial en la fabricación de drones FPV debido a su capacidad para crear piezas de alta precisión y durabilidad a partir de materiales como la fibra de carbono.